La Evaluación







Es inevitable preguntarnos a veces DÓNDE nos encontramos en nuestro caminar o si HEMOS LLEGADO al final de nuestro destino. Con esto dejo al lector la contestación a la pregunta sobre si es necesario o no saber dónde se está y así encontrar el sentido (valor) a la acción de EVALUAR.

Esto es, en esencia, la Evaluación en educación: conocer en qué momento de nuestro aprendizaje nos encontramos o si hemos conseguido alcanzar el objetivo propuesto.
Las dos cosas son igualmente importantes y tienen un sentido válido. Así, por ejemplo, una persona que hace footing (ojo, no es lo mismo que runningsale y llega al mismo sitio tras un lapso de tiempo, si bien ha realizado un esfuerzo que repercute en el mantenimiento de su salud; en cambio, el corredor de triatlón sale de un sitio determinado y tras hacer diversas pruebas distintas, acaba la competición llegando a la meta.



Si esta forma de conocer la realizamos nosotros mismos, hablamos de autoevaluación; si la realizamos de manera conjunta hablamos de coevaluación y si, finalmente, somos evaluados -medidos y valorados- por otra persona distinta (la evaluación común a la que nos sometemos por un profesor) nos referimos a la heteroevaluación. Los tres tipos son interesantes puesto que nos dan información complementaria sobre el aspecto que deseamos conocer.
Por ejemplo, en una clase de Educación Física yo observo que puedo hacer la voltereta agrupada hacia adelante después de varios intentos tras las instrucciones de mi profesor, pero mi compañero me dice que él acerca más la cabeza al esternón lo que le ayuda a arquear la espalda para hacer más sencillo el impulso inicial, por lo que pruebo su técnica y le comento como me ha ayudado su consejo en mi progresión; a la vez mi profesor me indica la importancia de asegurar bien las manos al comienzo del ejercicio para no sobrecargar mi cuello con el peso de mi cuerpo. Finalmente considero como he mejorado en el ejercicio desde que lo comencé a hacer o con respecto a mis compañeros (en este ejemplo encontraríamos los tres tipos de evaluación).

Es interesante resaltar que la evaluación puede tener un carácter terminal, esto es, valorar finalemnte el objetivo o actividad desarrollada, o bien caracter procesual, esto es, la evaluación me va proporcionando información (feed-back) sobre la marcha de consecución de ese objetivo o actividad para así tomar decisiones sobre su idoneidad; de esta forma podría continuar, añadir, modificar o suprimir todo o parte de ese objetivo o actividad.



Ya que evaluar es conocer en qué medida se alcanzan los objetivos o si voy bien encaminado a su resolución necesito algo, un indicador (ya sea VARIABLE o INVARIABLE, OBJETIVO o SUBJETIVO, CONTABLE o INCONTABLE, CONTINUO o DISCRETO) que me indique el grado de cumplimiento de esa medida; así podré cuantificar con números, con cantidades, intervalos o incluso con impresiones el grado de satisfacción de lo alcanzado. Si puedo medirlo con números o intervalo puedo cuantificarlos pero si me quedo en impresiones (bueno, aceptable, mejorable, no aceptable,...) tengo entonces medidas de carácter cualitativo. Ambas son válidas e imprescindibles en educación;  yo puedo conocer o no el VALOR asignado a  los términos de una fórmula trigonométrica (medida con valor cuantitativo), también puedo aproximarla o tener un valor de certeza a la hora de aplicarla (medida con valor cuasicuantitativo) y con una asignación artificial (un intervalo abierto, una asignación subjetiva en forma de escala, ...) voy a ser capaz de  utilizarla para resolver un problema con un mínimo de confianza (medida con valor cualitativo). Esta claro que cuanta más información podamos poseer de las distintas capacidades de la persona, mejor podrá ser el ajuste para poder evaluarlas.

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LA VERDADERA CONSTANTE ES EL CAMBIO

 Pedro José Cristiano Sánchez 

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